Alfonso Genaro Calderón Velarde

Alfonso Genaro Calderón Velarde

(1975-1980)

 

Quince días antes de la Cuaresma de 1974 el “caso Sinaloa” para la sucesión de Alfredo Valdez Montoya se había resuelto: el agraciado era el  ingeniero Gilberto “el Caminante” Ruiz Almada.

 

La noticia fue considerada “TOP SECRET”. Solo los íntimos del político cuchichí la conocieron. Había recibido indicaciones precisas de no soltar prenda hasta que el PRI diera la voz de arranque.

 

Desde antes el grupo Ruizalmadista daba tronchado a que su  “andarín” llegaría a la meta sin ningún tropiezo. Había seguridad y confianza en el que la coronaba la ceñiría Gilberto, por haber sido entrenado cuidadosamente por el supercampeón del último maratón sexenal en el país.

 

Ruiz Almada era el sinaloense mejor colocado y relacionado en las altas esferas de la política nacional. El hombre de todas las confianzas y el más estimado por el Presidente  Echeverría Álvarez desde que el “Caminante” emigro de Culiacán, zancadilleado  por el hablantín de Pilar Ángel Zazueta, que lo sacó de la jefatura de Obras Públicas Municipales con don Emilio Aguerrebere, se refugió bajo la sombra  tutelar de don Luis, que en ese entonces hacía sus pininos en Gobernación.

 

Ahí se hizo piedra sirviendo con lealtad y honestidad al que después fue secretario de Gobernación y luego presidente  de la República.

 

Nunca nadie como Gilberto estuvo tan cerquita de ser ungido gobernador de Sinaloa, puesto que, además, Alfredo Valdés Montoya ni por asomo se había entibiado para pensar siquiera en dejar sucesor.

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