Diego Redo Vega

Diego Redo Vega

(1909-1912)

 

Los Redo fueron una familia de alto copete, pomadosa y perfumada, de sangre azul, dueños de la hacienda e ingenio de El Dorado, que se codeaban con la ata aristocracia porfirista (don Porfirio Díaz, don Ramón Corral y don José Ives Limantour) en la capital de la República; y en Sinaloa con don Francisco Cañedo, su selecto gabinete y los ricos de abolengo, los cuales los Redo pertenecían por casta y derecho propio.

 

El patriarca de esta dinastía, don Joaquín Redo, cultivó una cercana amistad con el gobernador Cañedo, quien lo atendía a cuerpo de rey, dándole todo lo que quería, llegando, incluso a ”regalarle” una senaduría ad-perpetuam en premio a sus virtudes ciudadanas.

 

Don Joaquín soñaba con que su hijo Diego llegara un día a la gubernatura, haciendo honor al consabido amor de padre. Abrigaba estas esperanzas en razón de su estrecha liga con el mandamás sinaloense, confiado en que éste le diera una oportunidad para sucederlo, pero la feliz ocasión nunca se presentó en vida de Cañedo y de él mismo.

 

El zorro de don Francisco conocía las pretensiones del flamante político y potentado, quien nunca se atrevió a hablarle “a lo macho de se negocio”. ¿Cañedo se hizo tarugo o sencillamente no le vio espolones al gallo? Ahora que también jamás quiso soltar definitivamente la silla gubernamental.

 

Pero el que persevera alcanza la liebre. Sería después del deceso de los dos (Francisco y Joaquín) cuando se harían realidad los deseos de Redo a favor de su retoño.

 

Pero Diego Redo no iba a estar solo en la pelea. Las gentes de tendencia liberal inconformes con el viejo modo de gobernar de Cañedo, y cansadas ya de soportar  a quienes habían detentado el poder durante 32 largos años, querían un cambio radical en lo social y en lo político, y Redo representaba esa herencia del porfiriato.

 

Fue así como convencieron al licenciado José Ferrel Félix (16 de septiembre de 1865-1954), un periodista sonorense,  honesto y valiente, que desde las páginas de El Correo de al Tarde y de otras tribunas, había fustigado y exhibido con índices de fuego la corrupción y crímenes supuestamente cometidos por el régimen cañedista, para que contendiera contra la candidatura de Diego Redo.

 

Ferrel fue postulado por el Club Democrático Sinaloense que se había formado en Mazatlán y que lo integraban los periodistas Francisco Valadés y Heriberto Frías, Dámaso Sotomayor, Miguel Retes y Andrés Abendaño.

 

Esta clarinada democrática prendió mecha en Sinaloa. Ramón F. Iturbe, Juan M. Banderas, Juan Carrasco, Felipe Riveros, Ángel Flores, Macario Gaxiola, que después fueron grandes figuras de la Revolución, junto con Francisco Ramos Esquer y toda su familia; Amado A. Zazueta y otros inquietos jóvenes sinaloenses de la época, lanzan su voz de rebeldía y de repudio al agonizante sistema, y se adhieren a la candidatura de José Ferrel Félix.

 

Rafael Buelna fue el cerebro indiscutible de la campaña política del sonorense, al sostener dos puntos muy atractivos para el pueblo sinaloense: liquidar los 32 años de dictadura porfirista en Sinaloa, y abrir el cauce democrático al que había aspirado don Eustaquio Buelna, en la época juarista que vivió el Estado.

 

Las crónicas de aquel tiempo señalan que fue una contienda violenta y pasional, que cimbró el espíritu dormido de la democracia de los sinaloenses, hastiados ya de ser gobernados por la élite porfirista.

 

El gobierno de Eriberto Zazueta, que respaldada abiertamente a Diego Redo, viendo el arrastre popular de Ferrel y el fervor cívico del pueblo, empezó a perseguir y a encarcelar a los simpatizadores de este candidato en toda la entidad.

 

La policía no anduvo con contemplaciones. Tenía órdenes terminantes d detener a los cabecillas del movimiento ferrelista. En Rosario metieron a “chirona” a Camilo Sánchez, Regino Aldv, Ramón Cruz y Anastasio Aguilar; en Mazatlán a José del Corte y en El Fuerte, a los periodistas Emiliano García y José García de León.

 

Las elecciones se celebraron el 8 de agosto de 1909. Ganó Ferrel, de calle, pero el aparato electoral del porfiriato funcionó a las mil maravillas (tenían a su disposición miles de lindos, gordos y expertos mapaches) y el licenciado José Ferrel Félix, el gran periodista liberal, sufrió la afrenta, junto con el pueblo sinaloense esperanzado en la democracia, de la derrota, después de una campaña sin mácula donde el pueblo fue a votar por él.

 

El cachorro de don Joaquín Redo, logrando su sueño dorado, tomó posesión del cargo el 27 de septiembre de 1909. Ello aconteció durante la mañana en palacio de gobierno, y por la noche en el Teatro Apolo se celebró un lujoso y concurrido baile postinero.

 

Este ágape fue reseñado por el historiador sinaloense don Héctor R. Olea: “Sobre la puerta de entrada se colocaron las letras “D.R.”, a luces de colores y un retrato monumental del señor Diego Redo. Se encendieron por primera vez, cuatro mil lámparas eléctricas y a la entrada del gobernante se saludó con la marcha “Viva Redo”, compuesta especialmente por el músico Carero, y don Diego inició el baile de “Cuadrillas” de honor, que terminó a las cinco de la mañana del siguiente día, acontecimiento social que ocupó todas las crónicas de la prensa de aquellas época.

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