Principia la administración de Diego Redo en forma tranquila, sin sobresalto alguno, respaldado por el gobierno porfirista y p

 

 

Principia la administración de Diego Redo en forma tranquila, sin sobresalto alguno, respaldado por el gobierno porfirista y por las clases acomodadas de Sinaloa, a quienes no les convenía cambio alguno en la política del Estado y del país.

 

Redo formó su gabinete nombrando secretario de gobierno al licenciado José Castellot Jr., reemplazándolo después con el licenciado Primo Maraver y luego con el poeta y doctor Enrique Gonzáles Martínez, quien también fungió en 1909 como prefecto político en Mocorito e igual cargo desempeñó en El Fuerte en 1910 y posteriormente lo hizo en Mazatlán, donde el 19 de octubre del mismo año procedió, junto con el regidor Manuel Navarro, a designar “contingente de sangre” o sea la famosa leva, para cubrir las bajas del ejército federal, verificando el sorteo realizado y firmando el acta respectiva.

 

Redo dejó en la Tesorería al mismo viejo funcionario que había desempeñado durante décadas este puesto con don Francisco Cañedo y que se las sabía de todas todas: don Gabriel F. Peláez. A finales de su corto período nombró a don Alberto Almada para el manejo de la Hacienda Pública, con un presupuesto de $638, 085.62 en 1910 y $690, 195.65 en 1911.

 

El licenciado Carlos C. Echavarría fungió como presidente del Supremo Tribunal de Justicia del Estado, y el periodista Carlos Filio como jefe de sección de Instrucción Pública.

 

La XXV Legislatura de Sinaloa estaba integrada por: licenciado Ignacio M. Gastélum, doctor Ramón Ponce de León, Jesús M. Almada, Antonio T. Izábal, Fortunato Escobar, Alberto de la Vega, Carlos López Portillo, Faustino Díaz, Julio G. Arce, Francisco F. Izábal y Mariano Rivera.

 

En esta secuencia cronológica de los gobernadores que ha tenido Sinaloa, aparece don Inés Peiro supliendo a Redo en dos ocasiones; una por 10 días a contar del 29 de abril de 1910 y otro por dos meses a partir del 12 de octubre del mismo año.

 

Se ignora la razón por la cuál Peiro fue escogido para este interinato gubernamental, pues en los archivos del Congreso del Estado y en el Periódico Oficial no encontramos que este hombre haya sido vicegobernador, funcionario público o diputado.

 

Únicamente se sabe que don Inés Peiro fue un poderoso terrateniente que heredó 70 mil hectáreas de sus antepasados en el Valle de Pericos, y que gozó de gran influencia en los círculos políticos de la época al cultivar cercana amistad con don Francisco Cañedo y la familia Redo.

 

1910 fue pletórico en acontecimientos cruciales para Sinaloa. Nuevos aires renovables presagiaban hacerse sentir en el ambiente social y político. Redo paró oreja, se inquietó cuando le anunciaron la presencia en la entidad de don Francisco I. Madero, quien llega a Mazatlán el 2 de enero y es recibido en el muelle por más de 500 porteños.

 

El profesor Jesús Lazcano y Ochoa en su Agenda Cívica Escolar Sinaloense, consigna los siguientes acontecimientos:

 

Al día siguiente, en el circo “Atayde”, tiene lugar un mitin antireeleccionista, al que concurrieron aproximadamente 2 mil gentes.

 

Ante el entusiasmo de la ciudadanía, Madero arriba a Culiacán el día 4, constituyéndose el Club Antirreeleccionista, que quedó formado por las siguientes personas: presidente, Manuel Bonilla; tesorero, Rosendo Verdugo; secretario, Enrique Saavedra Gámez; prosecretario, José L. Osuna y como vocales; José C. Avendaño, Benigno A. Zazueta, Jesús M. Burgos, Crisanto Arredondo, Francisco Obeso y Anastasio Yuriar.

 

Madero prosigue su viaje al norte del Estado. En Angostura, Felipe Riveros encabeza el movimiento antireeleccionista. “La campaña electoral de don Francisco –dice el profesor Lazcano Ocho- encontró un campo fértil. La imposición de Diego Redo había dejado una gran inconformidad en el pueblo y la lucha contra la reelección de Porfirio Díaz daba oportunidad para manifestar el descontento”.

 

En la ciudad de México, el 15 de abril se abren los trabajos de la Convención Nacional Antirreleccionista, y asisten como representantes de los clubes sinaloenses: Felipe Riveros y Rosendo Verdugo.

 

En Cabrera de Inzunza, el 13 de junio, es asesinato el maestro Gabriel Leyva Solano, el después llamado Protomártir de la Revolución. Caía la primera víctima de la tormenta revolucionaria que se desencadenaría sobre el país. Redo no pudo haber sido ajeno a este repudiando crimen.

 

El gobierno redista y el Colegio Electoral (11 de junio) sancionan el triunfo den Sinaloa de Porfirio Díaz y Ramón Corral, como presidente y vicepresidente de México, dejando con un palmo de narices a los sinaloenses que creyeron que el voto popular sería respetado.

 

El gobernador Diego Redo (septiembre 15) inaugura el Paseo Centenario, celebrando los 100 años de la Independencia Nacional. Mazatlán se vistió de gala en esa gran fiesta. Luego vendría el 18 de noviembre: la inmolación y sacrificio de Aquiles Serdán en la Ciudad de Puebla.

En Culiacán (noviembre 19) en la casa de Pedro Blancarte, en Colón y Corona, habitada por la señora Refugio Iturbe, un piquete de “Carnitas” (soldados del gobierno redista) descubre un arsenal de armas. Los conjurados. José María Cabanillas, Ramón Rancel Valenzuela, Juan M. Banderas, Agustín Beltrán, Conrado Antuna, Francisco Ramos Esquer, huyen al ser avisados de que se había descubrimiento el complot para lanzarse a la Revolución.

 

En noviembre 20 arranca la Revolución Mexicana dirigida por don Francisco I. Madero y el Partido Antirreleccionista.

 

Aquí en Sinaloa, Diego Redo organiza un contingente para combatir a los alzados, encargando armas y parque a los Estados Unidos con dinero del erario estatal.

 

Don Diego tuvo todavía tiempo de publicar en el periódico oficial y en el Monitor Sinaloense (mayo 9) un mensaje dirigido al pueblo de Sinaloa:

 

“Deseando a este gobierno conocer de una manera segura cuáles sean los ciudadanos que estén dispuestos a cooperar en la defensa de la ciudad, para el efecto de que ésta sea atacada por los perturbadores del orden público, se convoca a todos los habitantes de esta capital, amantes de la paz, a que se sirvan ocurrir a la Mayoría de Ordenes de la Plaza, situada en el Palacio de Gobierno, con el objeto de que sean inscritos primero y puedan recibir después la instrucción necesaria para el servicio de las armas; en el concepto de que las personas que voluntariamente se presenten con tal fin, no serán destinadas a ningún servicio fuera de la ciudad, disfrutarán del haber de un peso diario los que así lo deseen y no serán forzados a listarse en la Guardia Nacional movilizarse a cualquier punto del Estado, si llegare a hacerse precisa la necesidad de imponer la obligación de tomar las armas.

 

El pueblo debe tener entendido que todas sus aspiraciones son comprendidas y atendidas por este gobierno, y que ya están en el seno del H. Congreso del Estado para su aprobación, las iniciativas legales que tiende a asegurar a los sinaloenses del Poder Público de esta entidad, la no reelección del gobernador y el ejercicio efectivo del derecho de sufragio; quedando así más que nunca desautorizadas las rebeliones armadas y despejando el camino de la libertad.

 

Palacio del Poder Ejecutivo, Culiacán, Abril 28 de 1911. –Diego Redo.- Enrique González Martínez, Secretario General”.

 

Y lo que se veía venir se vino: la capital del Estado es asediada y tomada a sangre y fuego por las fuerzas comandadas pro los generales Ramón F. Iturbe y Juan M. Banderas.

 

Antes Diego Redo había sido conminado para que entregara la plaza bajo la amenaza de incendiar la fábrica de hilados y tejidos “El Coloso”, propiedad de su familia. Se niega rotundamente a una rendición prematura. Nunca creyó que los federales perdieran la batalla y que la factoría fuese arrasada por las llamas.

 

El 31 de mayo de 1911 el gobernador Redo es aprehendido en palacio de gobierno, se le encarcela en la Casa de Moneda y se da la orden de ser fusilado al día siguiente. Su vida pende de un débil hilo, que podía romperse al menor parpadeo de los revolucionarios que miraban en él, reflejado, al régimen caduco de Porfirio Díaz.

 

Don Francisco I. Madero es consultado telegráficamente si se lleva a Redo al paredón. Ordena desde Ciudad Juárez al ingeniero Manuel Bonilla, su representante ante las fuerzas revolucionarias en Sinaloa, que se le respete la vida al prisionero de guerra. Amnistiado, el 10 de junio es conducido a la frontera de Nogales por una partida de revolucionarios.

 

Con Redo expiraba en Sinaloa el último vestigio de los gobernadores porfiristas.

 

Elipse: Anterior

Elipse: Página de Inicio