General Domingo Rubí

General Domingo Rubí

(1865-1886-1872)

 

 

Nació este destacado soldado de la República el 4 de agosto de 1824, un año después que don Eustaquio Buelna, en el pueblo de El Verde, perteneciente al distrito de Concordia.

 

Muy chico se fue a vivir al mineral de Pánuco, donde alcanzó su madurez juvenil, entre las mozas del antiguo San Sebastián fundando por Francisco de Ibarra.

 

Casó con Librada Velarde, también verdeña. Esta unión entre los paisanos juvenil que impulsó a Domingo a más altas empresas.

 

No debemos olvidar que este primer tercio del siglo XIX es significativamente complejo para el país. Apenas nos habíamos independizado de España y nuestra definición como país apenas alcanzaba vuelo. La generación de Rubí tuvo pocas alternativas –existió inestabilidad política-, el sistema educativo era deficiente. El Estado de Occidente buscaba un proyecto educativo anticlerical impulsando las escuelas lancasterianas y los masones, divididos en yorquinos y escoceses, difundían sus ideas en logias que impactaban las mentes juveniles, aunque no pudieran asistir con libertad a tales tenidas.

 

A la par, las escuelas confesionales impugnaban las ideas liberales y desde el púlpito se fustigaba alas ideas republicanas. Por ejemplo en 1827, el padre Joaquín Arenas había encabezado una rebelión que intentó derrumbar al gobierno de la República y restablecer el dominio español.

 

Rubí encuentra en la milicia la posibilidad de promoverse socialmente; el ambiente militarizado de la época hizo propicio el enrolamiento de amplios contingentes de jóvenes sinaloenses en tales actividades.

 

Se inflama de ideas patrióticas ante el intervencionismo francés, destacándose como hábil combatiente, derrotó a Lozada en las Lomas de Santiago Ixcuintla, obtuvo resonantes triunfos sobre el ejército invasor en Sinaloa y el presidente Juárez le confirmó su respeto y estimación.

 

Domingo Rubí recibió varias intrigas en su contra, dice el escritor Juan Lizárraga  T.  La más sobresaliente provino de Antonio Rosales. El héroe de la batalla de San Pedro fue desconocido como gobernador por el coronel Ascensión Correa, comandante del Batallón Hidalgo. Rosales pidió que se le procesara por su insubordinación, mas las fuerzas militares, encabezadas por Ramón Corona, no consideraban un capricho producto del apasionamiento y la altivez de Rosales, quien finalmente renuncia al gobierno del Estado.

 

Ramón Corona acepta la renuncia de Rosales y propone a Domingo Rubí como gobernador, lo cual disgustó más a Rosales, quien comentó que jamás entregaría el gobierno a un barretero sin antecedentes como Rubí. Rosales se subleva y olvidándose del desaire que le hizo al concordense, lo invita a combatir contra Corona, pero éste, además de sensato, le tenía respeto y devoción a don Ramón.

 

Antonio Rosales comprendió lo negativo de su conducta y tan pronto se retractó acudió a combatir a los invasores en Álamos, muriendo en el combate.

 

El gobernador Domingo Rubí, al conocer el trágico fin de Rosales, le rindió honores y le otorgó el título de Benemérito del Estado.

Veranos, Villa Unión, Concordia, Palos Prietos y Barrón fueron escenarios donde el general de brigada lucha contra los franceses y los traidores. Su cojera lo hacía reconocible.

 

Habría de morir el 11 de junio de 1896, en El Verde, donde se refugió, postergado y olvidado como todos los juaristas, una vez terminada la Intervención Francesa. Porfirio Díaz triunfo con su Plan de Tuxtepec y aunque Francisco Cañedo, el gobernador porfirista en Sinaloa era su compadre, Domino Rubí murió pobre, labrando la tierra.

 

El 25 de septiembre de 1871, a los 45 años de edad, concurrió al Congreso, entonces instalado en Mazatlán, que lo declaró Benemérito del Estado y él, en agradecimiento, les habló de la agradable emoción y de la gratitud por este reconocimiento a su fe en el progreso y la libertad humana.

 

Estas fueron sus palabras: “Señores, una emoción grata pero inexplicable embarga hasta cierto punto mi razón; mi corazón palpita de reconocimiento y mi alma se siente inundada en el mar de luz y armonía que produce la gratitud. ¿Cómo no ser agradecido, señores, por una distinción tan honorífica como la que se concede al declarárseme Benemérito del Estado, cuando yo, hijo del pueblo, sin contar con más elementos que mi fe en el progreso y la libertad de la humanidad, no he hecho más que servir como pueblo de donde he salido, lo que no es vanidad y que en nada ventaja al de mis demás hermanos?

 

Antonio Nakayama tiene la frase precisa y contundente para resumir al chinaco minero:

¡Domingo Rubí, el hombre excelso…!

 

El 11 de mayo de 1975, a l cumplirse los 79 años de su muerte, el general Domingo Rubí fue objeto de otra distinción al inscribirse su nombre con letras de oro en el salón de sesiones del Congreso del Estado.

 

La iniciativa de decreto correspondiente fue enviada a la Cámara de Diputados pro el gobernador Alfonso G. Calderón, siendo aprobada por unanimidad.

 

En su dictamen, los integrantes de la Quincuagésima Primera Legislatura establecieron los siguientes considerandos:

 

Que la historia de Sinaloa, al igual  que la de todo México fue forjada pro hombres que se entregaron totalmente a un destino de lucha por sus ideales de libertad y justicia.

 

Que en nuestro estado tienen sitio de honor los ejemplos gloriosos de Ángel Flores, Ramón Corona, Antonio Rosales, Plácido Vega, Rafael Buelna y muchos otros más, quienes participaron en las guerras de Intervención y caída del Segundo Imperio, y en la Revolución Mexicana.

 

Que el Gral. Domingo Rubí destacó por su valor y espíritu liberal en la guerra contra los franceses. Durante la Intervención Francesa, en mayo de 1896, alcanzó el grado de Gral. de Brigada. Combatió contra las fuerzas de Lozada y lo derrotó en Santiago Ixcuintla, Nayarit. Fue gobernador de Sinaloa en los siguientes periodos: del 20 de mayo a octubre de 1865 al 16 de septiembre d e1871; y, nuevamente ocupó el cargo en mayo y agosto de 1872.

 

Sus hazañas militares y servicios prestado al Estado lo hicieron merecedor de que el Congreso Local, representado por su Quinta Legislatura, expidiera con fecha 23 de septiembre de 1871, el Decreto número 3, promulgado pro el gobernado interino, Lic. Jesús Ríos, por el cual se le declara Benemérito del Estado acordándose que se imprimieran dos ejemplares en letras de oro de dicho Decreto para ser entraga uno al propio general y el otro colocarse  en el salón de sesiones del congreso.

 

Que en tal virtud y por estimar que es justo que el nombre del general Domingo Rubí aparezca junto con los otros próceres cuyos nombres están inscritos en el referido salón de sesiones, se estima justa  la iniciativa del Ejecutivo del Estado, a efecto de que sólo el nombre del general Domingo Rubí se coloque en el sitio mencionado.

 

En vista de lo anteriormente expuesto, la suscrita Comisión Dictaminadora, se permite someter a la consideración de la H. Asamblea, pidiendo para su discusión y aprobación en su caso, con fundamento en lo dispuesto por los artículos del 94 al 98 del Reglamento para el Gobierno Interior del Congreso, la dispensa de todo trámite reglamentario, el siguiente proyecto de Decreto número 12:

 

Artículo único: se reforma el Decreto número 3, expedido del 23 de septiembre de 1871, para el sólo efecto de que sin necesidad de reproducir íntegramente su contexto, se inscriba con letra de oro el nombre del general Domingo Rubí, en el salón de sesiones del Congreso del Estado.

 

Así, doblemente, en el curso del tiempo, fue honrada la memoria de este  defensor de la Patria.

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