Licenciado Enrique Pérez Arce

(1951-1956)

 

A fines de 1949, el gobernador Pablo Macías Valenzuela prohijó dos fuertes corrientes políticas que se disputaban sucederlo: el riverismo y el marinismo.

 

La mayoría de los diputados locales coqueteaban abiertamente con Enrique Riveros, en tanto que Fausto A. Marín se tronaba los dedos porque se sentía desplazado de esta preferencia.

 

En ese tiempo se aproximaba la hora del “destape” del precandidato al gobierno de Sinaloa y, como siempre ha sido costumbre, empezaron los viajes a México de los aspirantes y de sus simpatizadores a picar piedra en las altas esferas de la política nacional.

 

El poderoso coronel rosarense Carlos I. Serrano era mencionado como el padrino de Riveros, en razón de si vieja y afectiva liga con el mocoritense.

 

Cierto día en la capital de la República, Serrano citó al diputado federal Othón Herrera y Cairo para que lo fuese a ver a su domicilio particular, que esta u8bicado en la calles de Fundición, muy cerca de Los Pinos, mandándole decir que quería platicar con él en relación con el cambio de poderes en Sinaloa.

 

Othón cometió la imprudencia de hacerse acompañar por don Enrique, que era su “gallo” en la pelea. Llegó, se anunció, pero el ujier le trajo la noticia de que el coronel no estaba en casa. Este, al saber que Herrera y Cairo iba acompañado con un pretendiente al solio sinaloense, rehusó recibirlo, no obstante que se dio cuenta de que se trataba de su protegido político.

 

Don Enrique Pérez Arce, originario de El Rosario, (18 de enero de 1889) jugó como candidato del PRI al gobierno de Sinaloa con el visto bueno del presidente Miguel Alemán, del que era antiguo y estimado amigo.

 

Vivió mucho en Guadalajara, lugar donde estudió la secundaria y la preparatoria, para después continuar su carrera profesional de licenciado en Derecho en la Universidad  Autónoma de México, y sus visitas a Sinaloa se hicieron esporádicas.

 

En su juventud anduvo en la Revolución, fue rector del Colegio Civil Rosales, y en la administración de profesor Manuel Páez fue diputado local por el distrito de Rosario y Escuinapa, así como primer magistrado del Supremo Tribunal de Justicia del Estado.

 

Aquí, en Sinaloa, el gobernador Pablo Macías Valenzuela pretendía dejar en su lugar al doctor José Mariano Romero. Preparando su carrera política lo apadrina para la presidencia municipal de Culiacán. Muere en el desempeño de este cargo el 18 de agosto de 1948, ahogado en la presa Sanalona.

 

Al fallecer Romero, don Pablo auspicia la precandidaturas del senador Fausto A. Marín y de Enrique Riveros, presidente de CAADES, hombre de mucho dinero y bien conectado en el medio agrícola.

 

Presumía que tenia ganada la gubernatura, transcurría el segundo semestre de 1949. Gobernación ya sabía de sus inquietudes. El secretario Adolfo Ruiz Cortines ordena que le sigan los pasos y se da cuenta que apostaba fortunas en el hipódromo. A don Enrique le gustaban una barbaridad los caballitos de carrera. Aunque era su dinero, esto le hizo mucho daño.

 

Como premio de don Enrique funge como suplente del senador y general Teófilo Álvarez Borboa, en la época del régimen del presidente Adolfo Ruiz Cortines. Al morir don Teófilo, el mocoritense asume la titularidad que dejó vacante el militar de Higueras de los Monzón, Badiraguato, hoy en su honor de Álvarez Borboa.

 

El “destape” de don Enrique Pérez Arce ocurrió en diciembre de 1949 y su recorrido preelectoral lo inició, en firme, en enero de 1950.

 

En esta gira política que empezó en El Rosario de sus amores, participaron gentes que a través de los años ocuparon puestos de la relevancia dentro del sistema.

 

De ahí también se nutrió el atildado poeta para integrar su gabinete gubernamental.

 

Pérez Arce, sin sayo al frente, fue electo gobernador constitucional para el sexenio 1951-1956.

 

El día 1º de enero de 1951 fue el acto de la toma de posesión del gobierno de don Enrique Pérez Arce, por entrega formal que le hizo el general Pablo Macías Valenzuela.

 

En plena ceremonia a don Enrique se le había olvidado el nombre de representante del presidente Miguel Alemán, quien fungía como secretario de Recursos Hidráulicos.

 

Don Enrique fue una persona cultísima, excelente y elegante orador, de muy altos vuelos. Todos nos quedamos extasiados con aquella pieza de la elocuencia y del bien decir, que pronunció como mantenedor de los Juegos Florales del Carnaval de Mazatlán en 1951, en el primer año de su gobierno. Aún conservaba vestigios de su glorioso pasado como tribuno.

 

Fue un hombre honesto a carta cabal. Sus bienes de fortuna antes y después de su gobierno fueron insignificantes. Casado con doña Lolita Jiménez, la fiel y amante compañera de su vida, procreó dos hijos: Daniel y Enrique.

 

Era de estatura regular, tez apiñonada, mofletudo, semigordo, de grandes cejas y pelo completamente blanco. Vestía con desaliño y nunca dejó de usar tirantes en los pantalones.

 

La Tambora (Fragmento)


Por los arroyos del rancho,

Entre mucho sombrero ancho

Y entre mucha yegua mora,

La “palomilla” de Pancho

Trae de “gallo” la tambora.

 

La “tambora” en esta tierra

Es la banda primitiva;

Es la música nativa

Que el alma del pueblo encierra…

 

¡Música de amor y guerra

de una raza pensativa!

Y en época de elecciones

En las “manifestaciones”

Del triunfo o de la derrota, entre gritos y ovaciones,

Balazos y maldiciones,

Toca la “mamá Carlota”.

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