La toma de Mazatlán el 9 de agosto de 1914 por las fuerzas constitucionalistas comandadas por el general Ramón F

 

 

La toma de Mazatlán el 9 de agosto de 1914 por las fuerzas constitucionalistas comandadas por el general Ramón F. Iturbe, marcarón el fin del gobierno usurpador Victoriano Huerta en Sinaloa. El capitán Guillermo Nelson logró tomar prisioneros al coronel Francisco Reynoso y a 17 oficiales federales que intentaban huir, los que al día siguiente fueron pasados por las armas.

 

Igual suerte corrió Guillermo Peña, cacique al servicio del huertismo sorprendido en intento de fuga, así como también Francisco de Sevilla, fusilado el 1º de noviembre por delitos políticos, ya que se comprobó que envió un telegrama a su hermana María Sevilla de Cólegan, en enero de 1910, diciéndole: “aquí estuvo el loco de Madero”, mensaje que resultó locura mortal.

 

El día 20 de agosto entró Venustiano Carranza, Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y encargado del Poder Ejecutivo, a la ciudad de México. Ya el 13 del mismo mes había salido huyendo de al metrópoli el licenciado Francisco Carvajal, secretario de Relaciones Exteriores y quien ocupó la Presidencia de la República al “renunciar” el chacal Victoriano Huerta, cuya dimisión fue conocida en Sinaloa el 16 de julio.

 

De Sinaloa pusieron pies pro medio 92 connotados huertistas y simpatizadores de Francisco Villa, y cuya relación completa publicó “El Demócrata” el 1º de octubre de 1914. El historiador sinaloense don Héctor R. Olea, cita a los más renombrados:

 

Licenciado Francisco C. Alcalde, Jesús Almada, Ponciano Almada, Gabriel Peláez, Melesio Peiro, licenciado Alejandro Buelna, licenciado Francisco Lavín y Vega, Miguel Tarriba, Gumaro Lizárraga, Jesús M. Cuén, licenciado Julio Zapata, Genaro Estrada, Juan Jacobo Valdéz, Rafael Choza, doctor Mariniano Carvajal, ingeniero Evaristo Paredes, doctor Fracisco P. de Millán, Moisés M. Canale Berumen, licenciado Fortino Gómez, Abelino Morales, doctor Enrique M. Aldana, Alfonso M. Casal, licenciado Enrique Alcalá, Teodoro Cruz, Jesús María Tarriba y Carlos del Real.

 

El divisionismo entre la familia revolucionaria acentuado en la Convención de Aguascalientes, fue tan sólo una tregua en la guerra intestina de México.

 

En Sinaloa, donde Felipe Riveros hizo propaganda a favor del villismo, desoyendo los ruegos que por medio de carta le transmitió el general Juan Carrasco para que renunciara temporalmente al gobierno y apoyara a Carranza, se inicia la lucha entre villistas y carrancistas el 22 de octubre de 1914 cuando el tercer Batallón de Sinaloa, acuartelado en San Blas y comandado por Juan Valenzuela, se levanta contra Carranza y a favor de Villa. El general Ángel Flores, al mando del Sexto Batallón, persigue a los villistas que se internan por Sonora.

 

El 1º de enero de 1915, Flores organiza la Columna Expedicionaria de Sinaloa para combatir a los villistas que habían invadido Sonora y se unían a los de Sinaloa.

 

Los jefes villistas de Sonora fueron: José María Maytorena, gobernador del Estado; generales José E. Rodríguez, Ramón V. Sosa, Jesús Trujillo, Fructuoso Méndez y Francisco Urbalejo, y el teniente coronel Epifanio Zamorano:

 

Los jefes constitucionalistas: generales Gómez, Rocha y Mesta; coroneles Roberto Cruz y Manuel Salazar; tenientes coroneles José Ignacio Galaz, Anatolio B. Ortega, José Aguilar Barraza, Guillermo Nelson, Mateo de la Rocha, Pablo Macías Valenzuela, Leonidas García y Benjamín Chaparro; mayores Candelario Ortiz, Plácido G. Moreno, Félix Mendoza, Joaquín Galindo, Braulio R. Calderas, José A. Velasco, Rodolfo G. Robles, Agustín Camou, Vidal Pérez, Rafael Guirao, Crisóforo Vázquez y el capitán Pedro C. Figueroa.

 

El ingeniero Manuel Rodríguez Gutiérrez, avecindado en Culiacán, es designado por el Congreso local como gobernador provisional del 25 de noviembre de 1915 al 21 de marzo de 1916.

 

Los latifundistas de Sinaloa logran obtener el asentimiento de Venustiano Carranza para destituir a Rodríguez Gutiérrez, quien les estorbaba por sus ideas y convicciones agrarias que había empezado a hacer efectivas al repartir en esos días algunas miles de hectáreas entre los campesinos carentes  de tierras.

 

También algunos comerciantes sin escrupulos pusieron su granito de arena para la caída del gobernador, dolidos porque éste había invertido dinero del erario público en la compra de maíz y frijol, para vendérselos al pueblo a precios accesibles y contrarrestar así la especulación de los acaparadores de granos.

 

Sale Rodríguez Gutiérrez y entra el mazatleco Isaura Ibáñez, recomendado por Ángel Flores, del que había sido telegrafista durante varias de sus campañas revolucionarias y deja el gobierno el 1º de mayo.

 

En esa fecha llega al gobierno el general Ángel Flores, por primera ocasión, hasta el 22 de octubre. Los poderes se encontraban radicados en Mazatlán desde Ibáñez, y ahí continuaron con Flores, que ostentaba un doble carácter de mando, jefe del ejecutivo estatal y comandante militar de Sinaloa.

 

El duranguense general Manuel Mesta asume las mismas funciones que Flores, del 22 de octubre de 1916 al 7 de enero de 1917, también con sede en el mismo puerto.

 

Vuelve don Ángel al poder civil y militar del 7 de enero al 24 de abril.

 

Le pica el gusanillo de la política y deja el poder para contender como candidato a gobernador constitucional del Estado.

 

Lo suple el general sonorense Ignacio Y. Pesqueira, en los dos cargos, del 24 de abril al 16 de julio de 1917.

 

Otro cuatrienio movido y oloroso a pólvora en que los gobernadores duraban un suspiro de novia arrepentida.

 

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