La nota siguiente sobre el deceso del gobernador Francisco Cañedo fue publicada en el periódico oficial El Estado de Sinaloa,

 

 

La nota siguiente sobre el deceso del gobernador Francisco Cañedo fue publicada en el periódico oficial El Estado de Sinaloa, el viernes 11 de junio de 1909:

 

“El sábado 5 del actual dejó de existir el Sr. Gral. Francisco Cañedo, gobernador constitucional del Estado, víctima de una neumonía central que desde que se inició seis días antes, revistió caracteres de gravedad alarmantes.

 

Algunos intervalos de mejoría que se notaron al principio y la vigorosa constitución del distinguido paciente hicieron concebir esperanzas de salvarlo; pero desgraciadamente la enfermedad siguió su curso implacable y el estado del Sr. Gral. Cañedo era el viernes desesperado.

El sábado 5 los Sres. Dres. Ruperto L. Paliza, Ramón Ponce de León, Cipriano Hernández León y Andrés Vidales, que lo asistían, no se separaron de su lado.

 

A las diez de la noche, sintiéndose morir, dictó sus últimas disposiciones y cuarenta y cinco minutos después entró en agonía.

 

El Sr. Lic. Eriberto Zazueta, que en vista de la delicadísima situación del señor gobernador se había hecho cargo interinamente del Poder Ejecutivo, por designación del la H. Diputación Permanente, dirigió inmediatamente un mensaje al Sr. Presidente de la Republica, poniendo en su conocimiento el infausto suceso, y el jefe de la nación contestó con el siguiente telegrama que se recibió en esta capital a las 11 y 30:

“Al Sr. Gobernador interino Lic. Eriberto Zazueta, Culiacán.

 

Con profunda pena acabo de recibir telegrama de Ud. en que me participa el fallecimiento del señor gobernador general Francisco Cañedo. Haga usted que se le tributen los honores que corresponden a su alta jerarquía. Porfirio Díaz”.

 

Se dirigieron también mensajes, dando aviso de la muerte del Sr. Gral. Cañedo, a los Prefectos de los Distritos y a los gobernadores de los demás Estados de la República.

 

El cadáver permaneció toda la noche en la estancia mortuoria y al día siguiente muy temprano, se procedió a embalsamarlo.

 

Por la falta absoluta de gobernador, el Congreso del Estado, convocado por la diputación. Permanente, se reunió a las 8 A.M. y de conformidad con lo prescrito por la Constitución eligió gobernador interino al señor Lic. Eriberto Zazueta; aprobado enseguida, con dispensa de trámites y por unanimidad, el siguiente proyecto de ley presentado por los CC. diputados Julio G. Arce y Lic. Ignacio M. Gastélum:

 

“Número 25.- El pueblo del Estado de Sinaloa, representado por su XXIV Congreso Constitucional, decreta:

 

Art. 1º. Se declara Benemérito del Estado al Sr. Gral. D. Francisco Cañedo por los meritorios servicios que prestó a la paz y al progreso de Sinaloa.

 

Su nombre se inscribirá en el salón de sesiones del Congreso del Estado, al lado de los demás ciudadanos que han merecido ese homenaje.

 

Art. 2º. Se declara de duelo para el Estado los días seis, y ocho del actual, durante los cuales han de celebrarse las honras fúnebres del Benemérito Gral. Cañedo.

 

Art. 3º. El ejecutivo dispondrá que se coloquen placas conmemorativas en todos los edificios públicos construidos bajo la administración del C. Gral. Cañedo.

 

Art. 4º. Se autoriza al Ejecutivo para erogar los gastos de los funerales de ilustre gobernante, así como los que sean necesarios para erigir un monumento en el lugar que sean inhumados los restos del señor general Cañedo.

 

Salón de sesiones del H. Congreso del Estado, Culiacán, a 5 de junio de 1909. Ignacio Ma. Gastélum, diputado presidente.- José Ramos, Diputado Secretario.- Julio G. Arce, Diputado Secretario”.

 

A las 9 y 50 minutos, p.m. fue trasladado el cadáver del ejemplar gobernante a la capilla ardiente arreglada en el Salón de Recepciones del Palacio de Gobierno y allí permaneció expuesto hasta el martes 8 en que se verificaron con todos los honores debidos, sus funerales.

 

En la capilla ardiente hicieron guardia cada cuarto de hora funcionarios, empleados, particulares y alumnos del Colegio Civil “Rosales”, y desde el domingo en la noche desfiló por ella, triste y conmovido, todo Culiacán.

 

El martes a la hora señalada, ocho soldados de infantería, sacaron el féretro de la capilla ardiente y lo colocaron en la carroza fúnebre.

 

Antes de partir, el Sr. Lic. Ignacio M. Gastélum pronunció una breve oración haciendo a grandes rasgos una rápida reseña de la vida política del Sr. Gral. Cañedo y enumerando los muchos beneficios que durante su administración recibió el Estado.

 

Concluido este homenaje póstumo al extinto estadista se puso en marcha la comitiva integrada por una descubierta de caballería, los titulares de los tres poderes, el jefe de las armas en el Estado, diputados, funcionarios públicos, comisiones de los ayuntamientos, del comercio estatal, agrupaciones, escuelas rurales y gentes del pueblo.

 

Llevaban los lazos de la carroza fúnebre los señores Lic. Manuel l. Choza, Lic. Luis Urrea Hass, Conrado Bátiz y Bátiz, Eduardo Bátiz, Julián Maldonado y Osuna y Ramón J. Corona.

 

La multitud llenaba totalmente las calles que debía recorrer la comitiva y para evitar el desorden fue necesario establecer en ellas un cordón de gendarmes.

 

El cortejo fúnebre, después de recorrer las calles “Rosales” y avenida “Martínez de Castro”, hizo alto frente a Catedral, donde se celebraron suntuosas exequias dispuestas por la familia del Sr. Cañedo.

 

Terminada la imponente ceremonia religiosa, siguió el cortejo rumbo al Panteón “San Juan”, en cuyos alrededores esperaba una inmensa multitud.

 

Se extrajo el féretro de la carroza, se depositó junto a la fosa que guarda ya los despojos del distinguido hombre público y antes de colocarlo en ella el Sr. Diputado Julio G. Arce dio lectura con voz conmovida por la emoción, a sentidísima oración fúnebre que fue oída con profundo silencio e hizo asomar las lágrimas a los ojos de la numerosísima concurrencia que en esos momentos llenaba la vieja necrópolis de Culiacán.

 

A su regreso el señor Gobernador interino del Estado envió al señor Presidente de la República el mensaje siguiente:

Culiacán, junio 8 de 1909. Señor Presidente Gral. Don Porfirio Díaz, México:

 

Acaban de verificarse los funerales del Sr. Gobernador Gral. Cañedo. Estuvieron muy suntuosos, dados los elementos de que aquí podemos disponer, quedando así cumplidas las respetables instrucciones que Ud. se sirvió darme. Estuvieron presentes representantes de todas las corporaciones del Estado, tanto oficiales como particulares.

 

El Sr. General Cañedo, por el supremo tacto con que supo gobernar, por el don de mando que poseía en tan alto grado, por su carácter generoso y afable, por el espíritu de justicia que resplandecía en sus determinaciones se había identificado de tal manera con el pueblo sinaloense, que su inesperada muerte fue, es y será profundamente lamentada en todas las poblaciones de esta entidad federativa.

 

Desaparece después de haber establecido sobre firmes bases el progreso del Estado, y éste lo recordará siempre con el agradecimiento con que los pueblos grandes y nobles recuerdas a sus benefactores.

Que duerma en paz”.

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