Francisco Iriarte y Conde

Francisco Iriarte y Conde

(1831-1834)

 

 

El historiador Antonio Nakayama le confiere a don Francisco Iriarte y Conde el honroso titulo de “Padre del Estado de Sinaloa”, por haber sido el principal consumador de la separación de Sinaloa del Estado Libre de Occidente. El 14 de octubre de 1830 el Congreso Nacional de México decretó la división de Sinaloa y Sonora, constituyéndose en entidades pertenecientes a la Federación. Fue una larga y tenaz lucha la que emprendió don Francisco, enfrentándose a poderosos grupos de políticos sonorenses y sinaloenses, que no estaban de acuerdo con este movimiento separatista. Esta pelea frontal la realizó desde la tribuna de la Diputación Provincial de Sinaloa, creada en 1823 y posteriormente en su carácter de vicegobernador de Sinaloa.

 

Don Francisco Iriarte nació en cuna de buenos pañales en Real de Cosalá de las Once mil Vírgenes---hoy Cosalá--- el 6 de septiembre de 1790. Sus padres se dedicaron a la explotación de ricas minas de oro y plata, actividad que prosiguió el hijo hasta alcanzar una envidiable situación de holgura económica.

 

El gusanillo de la política le picó al cosalteco y lo vemos investido como diputado provincial, en donde su capacidad y energía se pusieron de manifiesto ---según acota Nakayama, autor de estos apuntes--- dado que en esos días en que se debatía el futuro de México, se iniciaron los choques que habrían de llevar a la delimitación de los campos ideológicos y a la formación de los partidos conservador y liberal. Los integrantes de ambas tendencias luchaban decididamente por la preponderancia partidista y la pugna no reparaba en medios. La cabeza de los conservadores era el obispo de Sonora, Fray  Bernardo del Espíritu Santo, cuya agresividad en materia política conocía todo el mundo y quien siendo la figura dominaba al noroccidente, era el blanco de los criollos que anhelaban el poder. Iriarte, aunque de reconocida filiación liberal, tenía que guardar el equilibró y no aparecer como parcial y para esto le ayudaba la virtud de la prudencia.

 

Uno de los problemas más serios que enfrentó fue el de las elecciones para diputados al Congreso Constituyente de Occidente, ya que la campaña se realizó en forma enconada y peligrosa para la paz de Sinaloa. Los presbíteros licenciado Francisco de Orrantia y Br. Antonio Fernández Rojo, que eran candidatos y pertenecían al grupo enemigo de Fray Bernardo, sufrieron percusiones por parte de éste. Al primero de ellos que servía en el curato de El Fuerte, se le encarceló por un motivo baladí, mientras que al segundo se le suspendió en sus funciones como párroco de Culiacán.

I

riarte pidió al alcalde 1º de este último lugar que amparase a Fernández Rojo, y como el grupo afecto al obispo maniobró abiertamente par que anulasen las elecciones en el Partido de la Villa de Sinaloa, puso los hechos en conocimiento del gobierno federal, el que ordenó activarse la instalación del Congreso Constituyente, así que de inmediato mandó se pusiese en libertad al licenciado Orrantia y a Fernández Rojo, quienes pudieron marchar a El Fuerte para desempeñar la comisión.

 

Instalado el Congreso, nombró vicegobernador a don Francisco Iriarte, pese a las propuestas de enfermedad, ocupaciones e incapacidad que el agraciado presentó para no ser nombrado, y al celebrarse las lecciones para autoridades constitucionales, los pueblos lo eligieron para que ocupara nuevamente el cargo, habiendo sido llamado para que desempeñara el Poder Ejecutivo, por renuncia que hizo el titular coronel Simón Elías González.

 

La rebelión de los yaquis y mayos, que puso en peligro la estabilidad del gobierno en El Fuerte, hizo que los poderes se trasladaran a la villa de Cosalá, donde se iniciaron los sucesos que dieron lugar a la larga pugna que sostuvo el vicegobernador con las legislaturas de occidente.

Todo comenzó al votarse el cambio de la capital a Culiacán, al que se opusieron varios diputados; la violencia llegó al grado de que varios de los legisladores abandonaron el recinto, dejando sin quórum a la asamblea durante varios meses.

 

El pueblo de la villa de Cosalá se amotinó protestando por el cambio, cosa que alarmó a la Legislatura y la hizo huir y refugiarse en la villa de San Sebastián, pero habiendo encontrado la protección del coronel Mariano Paredes Arrillaga, depuso al vicegobernador y mudó la residencia del gobierno a Álamos. Esta circunstancia motivó que los sinaloenses solicitaran la división del Estado, petición a la que se opuso la Legislatura a pesar de que los ayuntamientos de la entidad se mostraban favorables al proyecto.

 

La etapa del pleito de Iriarte contra la asamblea legislativa para que se le repusiera en la vicegubernatura fue la más amarga y agitada de su vida. La corte de Justicia del Estado falló dos veces en su favor, pero la situación se encontraba en un momento muy candente y los diputados llenos de soberbia mostraron gran repudio al cosalteco Iriarte; se negaron al acatamiento de las decisiones de aquel alto cuerpo, así que don Francisco, apuntalado por su poder económico, por el afecto que los pueblos le tenían y por justicia de la causa continúa en la lucha contra el Congreso.

 

Nuevamente algunos legisladores de Sonora y Sinaloa, solicitaron la división del Estado en el año de 1827, mostrando objetivamente los motivos que había para que se llevara al cabo, mas no lograron que se escuchara la petición en forma positiva.

 

El Congreso Nacional, por su parte, ordenó al Congreso del Estado la reposición de don Francisco, pero se negó a acatar el fallo. Esta actitud de los legisladores terminó con la paciencia del pueblo que empezó sus ataques al gobierno, acusándolo de inmoralidades y de arbitrariedades, señalando los casos siguientes:

 

El del gobernador José María Gaxiola; a quien se encontró un desfalco de 20 mil pesos como arrendamiento de diezmos de El Rosario; el de haber aceptado como diputado a don Antonio Almada, a pesar de que su elección había sido irregular, y el de acumular poderes administrativos y militares en el también diputado Carlos Cruz de Echeverría.

 

Los brotes de inconformidad se multiplicaron y apareció la violencia en Culiacán, Cosalá, San Javier y Guaymas. Pero el Congreso se mantuvo firme en su actitud de intransigencia con el apoyo del jefe de las armas, general José Figueroa.

 

En agosto de 1829, don Leonardo Escalante expidió el Plan de Aconchi, pidiendo la reposición de Iriarte, la salida del gobernador Gaxiola y el desconocimiento de las autoridades que habían sido electas en forma anticonstitucional. Gaxiola dimitió, pero la legislatura se limitó a expedir un decreto en que se establecía que quedaba olvidado todo lo relativo a la división de la entidad y a la reposición del vicegobernador siempre que los levantados depusieran su actitud hostil.

 

Ante la presión popular, el general Figueroa retiró su apoyo a la Legislatura tuvo que humillarse y en octubre de 1829 Iriarte tomó posesión del gobierno, separándose en marzo de 1830 en que se lo entregó a don Leonardo Escalante que había sido electo vicegobernador.

 

La tremenda lucha sostenida por don Francisco Iriarte terminó con una magnifica victoria, pero como había sido el alma del movimiento separatista, su mayor triunfo fue la división del Estado, para que Sinaloa y Sonora quedaran como estados de la federación y el 30 de enero se verificó la elección para diputados constituyentes que habían de reubicarse en Culiacán.

 

 A don Francisco Iriarte podemos calificarlo en forma acertada de tenaz en sus decisiones y en sus luchas. Su pugna con la Legislatura le llevó varios años en los que en su mayor parte se vio no solamente humillado, sino hecho polvo por sus enemigos. Sin embargo, su voluntad de vencer y su fe en la causa que representaba le llevaron al triunfo. Victorioso no tomó venganza de sus enemigos, lo que indica una nobleza espiritual.

 

Al decretarse la erección del Estado de Sinaloa, pese a no ser cabeza de partido alguno, era el amo y señor de la política, pero desgraciadamente no pudo ejercer la hegemonía que tenía en las manos, en virtud que tuvo que marchar a México, D. F., en busca de salud cuando el nuevo Congreso de la entidad naciente lo había nombrado gobernador. Viejas dolencias, la pasada lucha que sostuvo y el matrimonio de la hija minaron su fortaleza física y le llevaron a la tumba, lo cual cambió el panorama político de Sinaloa.

 

Don Francisco, el Padre del Estado de Sinaloa, una de las grandes figuras políticas sinaloenses, murió el 17 de septiembre de 1832.

Su nombre, enmarcado en letras de oro, se encuentra colocado en el frontispicio de la Cámara de Diputados local.

Elipse: Página de Inicio