General Gabriel Leyva Velázquez

General Gabriel Leyva Velázquez

(1957-1962)

 

Gabriel Leyva Velázquez era un hombre alto, esbelto, rígido, sin llegar a ser magro; de color moreno cetrino, cara alargada, boca regular, frente alta, huidiza; cabello rebelde y negro. Su voz era de tonalidades suaves, aunque el general la engolaba  con frecuencia para ponerla a tono con su figura hierática.

 

Dentro de su severidad poseía rasgos de fino humor. Cuando hablaba o cuando pronunciaba un discurso la mano le temblaba con un tic nervioso acompasado.

 

Le encantaban y le extasiaban las faldas femeninas, así también las fiestas y los bailongos. Era alegre como un cascabel prendido en el pecho de una guapa rubia o morena de cuerpo cadencioso.

 

Frente a las hermosas mujeres sinaloenses, Leyva se transformaba: sus ojos negros bailaban de emoción y recorría con su mirada lúbrica los redondeles turgentes de las apetecibles muchachas serranas, que, inocentes, parecían una ofrenda. Pero ¡ay!, mi general ya no era aquel gobernador garañon de 1935 que hizo furor en las cabeceras municipales de El Fuerte, San Ignacio, Sinaloa y Mocorito.

 

Fue un hombre bueno, demasiado bueno, noble, generoso, que nunca de propósito hizo mal a nadie. Muchas veces perdonó las flaquezas y fallas de más de alguno de sus colaboradores que se le salían del carril. Pero Leyva tuvo el pecado de ser muy susceptible al chisme y a la intriguilla palaciega. Creía que todos eran unos santos incapaces de mentir.

 

Había nacido en el poblado de los Humayes, San Ignacio, el 30 de junio de 1896 y falleció el 20 de marzo de 1985 en la capital de la República.

 

Su padre fue el maestro rural Gabriel Leyva Solano, el Protomártir de la Revolución, que hacía en ese tiempo su servicio magisterial por sus tierras piaxtleñas.

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