General Ramón Fuentes Iturbe

General Ramón Fuentes Iturbe

(1917-1920)

 

 

Restableció el orden constitucional, el general Ramón F. Iturbe, apoyado por el Partido Liberal Progresista, se lanza en 1917 como candidato al gobierno de Sinaloa.

 

Tenía méritos sobrados para ser postulado en esta otra lucha, ahora política, en la que expondría su prestigio bien ganado en el fragor de la contienda armada.

 

Iturbe fue un pundonoroso y valiente soldado de la Revolución. Hábil estratega, resultó victorioso en las dos tomas de la plaza de Culiacán y en las dos de los puertos de Mazatlán y Topolobampo, amén de otros combates, peleando a favor del maderismo y el carrancismo y en contra del porfirismo y el huertismo.

 

Pero no estuvo solo es esta confrontación electoral. Tres ciudadanos sinaloenses, galardonados por su destacada acción en la guerra civil que se escenificó en su tierra, se presentaron también en esta lid política.

 

El general Ángel Flores, renunció a los mandos civil y militar que ostentaba en esa fecha, precisamente para estar en disponibilidad constitucional y poder en esta competencia cívica. Hombre limpio y honesto, con lauros similares a los de Iturbe, gozaba de ascendencia entre los grupos revolucionarios y tenía lo más importante –siempre decisivo en estas cosas-: el apoyo de Carranza y Obregón, los hombres fuertes de la política nacional.

 

El licenciado Enrique Moreno Pérez, originario de Mocorito, participante activo en el maderismo y uno de los primeros soldados que se alzó en Sinaloa en contra del huertismo.

 

Gente preparada y estimada, después sería, entre 1915 y 1932, gobernador interino de Puebla y luego fue del territorio de Baja California Sur, así como asesor jurídico del presidente Álvaro Obregón y presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

 

El general Manuel A. Salazar “El Chango”, un tipo pintoresco, oriundo de Concordia, que no tenia nada que hacer al lado de los otros aspirantes. Este hombre vivió muchos años después en Mazatlán, relatando sus hazañas bélicas.

 

Y el general Manuel Mesta, duranguense, que había luchado con arrojo y valentía en los combates de Culiacán y Mazatlán, y en Sonora bajo los órdenes de Obregón.

 

Iturbe gana por mayoría de votos. Su campaña fue penetrante en toda la geografía sinaloense. Conocido y popular, dondequiera tenía comal y metate.

 

Nacido en Mazatlán el 7 de Noviembre de 1889, a los 27 años de edad llega a gobernador constitucional del Estado, para el cuatrienio que empezaba el 27 de septiembre de 1917 y concluía el mismo día y mes de 1920.

 

Antes de su postulación, don Venustiano Carranza quiso hacer desistir a Iturbe de lanzar su candidatura y la contestación que éste le dio, pinta de cuerpo entero al mazatleco: “Lo siento, pero estoy comprometido con mi pueblo”.

 

Ramón F. Iturbe tomo posesión del gobierno antes de la fecha fijada. Ante el Congreso del Estado el día 20 de junio rinde la protesta de rigor. Razones de tipo político obligaron a que se presentase esta insólita situación.

 

Empezó su periodo con graves problemas. Sus enemigos, principalmente el general Ángel Flores, comenzaron a agitar el Estado, provocando protestas, enfrentamientos y rebeliones.

 

El general Fernando Espinoza de los Monteros se levantó en armas alegando, por la reciente elección, violaciones a la Constitución de 1894. Un exconvicto, Arturo Butchar, hace lo mismo.

 

El gobernador aplaca estas subversiones y ordena el fusilamiento de Butchar, quien se había alborotado después de escaparse de la cárcel, donde se encontraba acusado de malversación de fondos.

 

Por su parte, el diputado local Miguel L. Ceceña informó al Ayuntamiento de El Fuerte, que no obstante reconocer en su carácter de miembro de la Comisión Dictaminadora de los pasados comicios que el general Iturbe obtuvo la mayoría de votos, éste no podía ser gobernador del Estado por carecer del requisito constitucional de la edad (treinta años) expresado en el artículo 37 de la Constitución Política del Estado de fecha 22 de septiembre de 1894 y reformado el 2 de mayo de 1912.

 

La mayoría absoluta de los diputados, por el contrario, dan vigencia a la referida Constitución.

 

El día 6 de julio el Ayuntamiento de El Fuerte, presidido por Bruno Félix y Canuto Ibarra, como primer regidor y secretario, desconoció en sesión extraordinaria, al general Iturbe como gobernador de Sinaloa, acuerdo que secundaron en su mayoría los demás cabildos.

 

En respuesta, don Ramón comunicó por telégrafo a las corporaciones municipales que la Constitución Local no se encontraba en vigor ni lo había estado desde que fue interrumpido el orden constitucional en toda la República con motivo del cuartelazo de febrero de 1913.

 

En este problema político tuvo que intervenir el general Álvaro Obregón, que desde Huatabampo, por vía marítima, se trasladó a Mazatlán, a donde llego el 29 de julio. Aquí se entrevistó con don Carlos S. Vega, nombrado representante de los ayuntamientos en rebeldía y resolvió el conflicto prometiéndoles que el gobierno no iba a exigirles responsabilidades.

 

Este grave estado de cosas apresuro a la XXVII Legislatura Local a expedir una nueva Constitución Política del Estado, reformando la del 22 de septiembre de 1894.

 

Fue firmada y jurada a las 6:30 de la tarde, el 25 de agosto de 1917, por los siguientes diputados: ingeniero Emiliano Z. López, Pedro L. Gavica, Arnulfo Iriarte, Diego Peregrina, Genaro Noris, Serapio López, Félix A. Mendoza, Leopoldo A. Dorado, Susano Tiznado, Manuel María Sáiz, Julio E. Ramírez, Alfonso Leyzaola, Miguel L. Ceceña y Fernando Martínez.

 

En esta forma respaldaban también nuestros legisladores la Constitución General de la República, promulgada en la ciudad de Querétaro, el 5 de febrero del mismo año, y que en representación de Sinaloa firmaron y juraron los siguientes constituyentes: Propietarios: Pedro R. Zavala, Andrés Magallón, Carlos M. Esquerro, Candido Avilés y Emiliano C. García. Suplentes: Juan Francisco Vidales, José C. Valadés, Mariano Rivas, Primo B. Beltrán y Antonio R. Castro.

 

En noviembre 13 de 1917, se aprobó la Ley Orgánica Electoral de Sinaloa y en ese mismo mes se estableció la Contaduría Mayor de Hacienda.

 

Por acuerdo del gobernador Iturbe se estableció por primera vez en el Estado, una Junta Central de Conciliación y Arbitraje compuesta por tres miembros, en enero de 1918.

 

Esta administración creó, también, la Comisión Codificadora de Estudios Administrativos bajo la presidencia del licenciado Francisco Verdugo Flaquees; secretario, licenciado Pedro Espinoza de los Monteros y vocal, Roberto Casas Alatriste.

 

El objetivo de está Comisión era crear y formular un proyecto de adaptación de los códigos del Estado, acordes a la nueva Constitución General de la República. En esta forma se hizo la codificación y reformas a los códigos civil, penal y de procedimientos penales y a otras leyes.

 

También se llevó a cabo la organización del Departamento de Justicia con resultados satisfactorios y se expidieron las leyes de Defensoría de Oficio y la del Magisterio Público del Estado de Sinaloa.

 

La XXVIII Legislatura de Sinaloa empezó a actuar del 15 de septiembre de 1918 hasta el 14 de septiembre de 1920 y estuvo integrada por: Miguel L. Ceceña, Fernando B. Martínez, Rosendo Olea, Carlos Castro, Serapio López, Eliseo Quintero, Epitacio Osuna, José Arce Lizárraga, Alfredo Ibarra, Leopoldo A. Dorado, Andrés Magallón, Adolfo V. Rivera, Pedro Cázarez, Genaro Noris y Pedro L. Gavica.

En abril 15 de 1920 se trasladan los supremos poderes del Estado ala ciudad de Mazatlán y se conceden facultades extraordinarias en Hacienda y Guerra al gobernador de Sinaloa.

 

En agosto 27 se aumenta a 50 pesos diarios el sueldo del ciudadano gobernador.

 

Ramón F. Iturbe hizo un gobierno honesto y creativo, atendió y sirvió al pueblo; termino de construir el edificio del mercado Garmendia; amplio el local de la Escuela Industrial y Militar; mejoró las líneas telefónicas del estado; restauro la planta baja del Palacio de Gobierno, que hoy ocupa la Procuraduría General de Justicia; compró la casa situada en las calles Rosales y Donato Guerra, para destinarla a asiento del Poder Legislativo; reparó los desperfectos del puente Cañedo, causados por la creciente del río Tamazula en septiembre de 1917; arregló el camino de terracería Culiacán-Tamazula; compró dos camiones para la reparación de otros caminos y puentes, y reconstruyó varios planteles escolares.

 

Reacondiciono un viejo edificio, el que hoy ocupa el Ayuntamiento de Culiacán, para convertirlo en hospicio y amparar a los niños indigentes. Por cierto que el primer huérfano que se asiló fue registrado con el nombre de Francisco I. Madero, nombre que llevó a su vez este establecimiento asistencial, al que le otorgó una subvención anual por $17,781.00 a partir del 14 de diciembre de 1917.

 

Ante la sorpresa de los liberales “comecuras” construyó la escalinata del templo de La Lomita, demostrando así su fe y devoción a la doctrina de Cristo, dogma que no abandonó por el resto de sus días.

 

“Iturbe tuvo la doble virtud de creer en la Revolución y de creer en Dios”, dice el licenciado Eleuterio Ríos Espinoza en un artículo publicado en la revista Presagio.”Soldado valiente en la lucha armada, fue también un hombre piadoso que creyó, en medio de la luchas ideológicas que se debatieron en el drama de México, mientras vivió, en las ideas cristianas que profesaba”.

 

El 7 de agosto de 1919 el gobernador Ramón F. Iturbe pide licencia al Congreso del Estado. Viaja a México y su ausencia, que se prolongó hasta el 1º de diciembre del mismo año, es cubierta por el diputado y mayor Eliseo Quintero, limpio revolucionario badiraguatense, que tuvo señalada participación en las guerrillas que combatieron al porfirismo y al huertismo.

 

Don Eliseo nació en Bamopa en 1885. Nunca comulgó con Obregón y siempre admiró a Villa. En 1975 escribió sus memorias. Longevo, poco tiempo después, ya consumido por los años, muere en Otatillos, en su querido Badiraguato.

 

Ramón F. Iturbe regresa a Sinaloa y asume el poder hasta el 31 de diciembre de 1919. Intempestivamente, presenta a la Cámara de Diputados un permiso para separarse del gobierno por tiempo indefinido.

 

Ya no retorna. Obregón y Ángel Flores, sus enemigos irreconciliables, no lo dejaban vivir y gobernar en paz. Luego, muerto Carranza en mayo de 1920, de quien ya era amigo y se había convertido en su protector político, lo dejan desguarnecido a merced de los que tenían en este tiempo la sartén por el mango.

 

Su encono y diferencias abismales con Álvaro Obregón surgieron de su espíritu rebelde, que no transigía al menoscabo sus bien ganados méritos militares. Un poco o mucho de egolatría; pero así era el hombre y nadie se lo pudo quitar.

 

Iturbe resintió dolido cuando Obregón fue nombrado jefe de la Primera División del Noroeste. Consideraba que tenía más derechos para ello que el sonorense, por su antigüedad en las armas, por sus batallas libradas y por haber sido uno de los primeros soldados ascendidos al grado de general.

 

Obregón comanda la toma de Culiacán en 1913. En ella participa destacadamente Iturbe, y luego los dos van a dirigir el sitio a Mazatlán. Álvaro le ordena que se quede ahí  se va a la ciudad de México, donde entra triunfante y desafiante.

 

Aquí empezó el descalabro en la carrera de Iturbe y su rivalidad con el “mocho” de Sonora.

 

Volvería Iturbe a Sinaloa, sí, para manchar su limpio expediente de revolucionario excepcional al unirse en 1929 al movimiento de los Renovadores, que encabezó el general sinaloense José Gonzalo Escobar, en señal de protesta y rebelión contra Calles, al que culpaban del asesinato de Obregón.

 

Iturbe, tan institucional, había brincado las trancas…

 

Y después, a los años, vino en dos ocasiones más: la primera cuando hizo su campaña en 1937 para diputado federal en la época del cardenismo, después que fue perdonado por su participación en la revuelta escobarista y regresado en 1933 de su exilio en Estados Unidos.

 

Y la segunda fue en 1939, en que salió derrotado por el coronel Rodolfo T. Loaiza en sus aspiraciones por repetir como gobernador de Sinaloa.

 

La hoja de servicios prestados a la Revolución por el general Ramón F. Iturbe es una de las más completas y espectaculares que obtuvo militar sinaloense alguno.

 

Tenía 19 años de edad cuando participa en la campaña electoral del candidato a gobernador del Estado José Ferrel, apoyado por el Club Democrático Sinaloense, en contra del porfirista Diego Redo.

 

Participa el 12 de enero de 1911 en la toma de Topia y Las Milpas encabeza la caída de Culiacán en 1911, lo que le valió recibir el grado de general brigadier del Ejército Libertador, el 22 de mayo de 1911, por parte de don Francisco I. Madero, desde Ciudad Juárez, Chihuahua, nombramiento que fue ratificado el 13 de septiembre de 1913 por el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, don Venustiano Carranza.

 

Luego, en 1912, defiende la capital de Sinaloa asediada por las huestes zapatistas y combate en ese mismo año a los orozquistas en Chihuahua.

 

Antes, el 8 de agosto de 1911, es designado comandante en jefe de las Fuerzas Rurales de Sinaloa.

 

En 1913, estando en Los Ángeles, California, estudiando la carrera de ingeniería, se entera del cuartelazo de Victoriano Huerta, regresa al país y Álvaro Obregón le da el mando de fuerzas en Sinaloa. Gana la batalla de Topolobampo el 30 de agosto de 1913; toma Sinaloa de Leyva en el mismo año; en noviembre pelea al lado de Obregón en el sitio y toma de Culiacán e igual hace en Mazatlán en 1914, comandando la Brigada de Sinaloa.

 

Leal a sus principios revolucionarios, Iturbe combate el villismo en Baja California; derrota en Escuinapa el general Rafael Buelna, y en Cosalá al general José María Cabanillas; se vuelve a enfrentar con Buelna y toma el territorio de Nayarit; y después, en El Fuerte, le tupe macizo al general Macario Gaxiola, también de las huestes de Francisco Villa.

 

Al triunfo de la causa constitucionalista, el general de brigada Ramón F. Iturbe participa en la Convención de Aguascalientes, tomando partido por el carrancismo.

 

El 29 de agosto de 1915 entrega el mando de la Tercera División del Noroeste y es nombrado Jefe de las Operaciones en Jalisco y Colima.

 

En 1937, el Presidente de la República Lázaro Cárdenas le otorga el grado de general de división.

 

Ramón F. Iturbe fue siempre un hombre amable y bondadoso, humano con las gentes desposeídas de la fortuna; pero bravo, enérgico, duro, implacable, tal como había actuado en la Revolución, con los déspotas y arbitrarios que querían seguir subiéndosele al pueblo al cogote.

 

En su época de combatiente y luego en la de gobernador, Iturbe fue un tipo bien parecido, carismático, pulcro en el vestir, sin llegar a la estruendosa elegancia. De estatura más bien alta, de bigotito negro recortado, de piel blanca; tría a las muchachas y a las señoras suspirando por sus huesos.

 

Acostumbraba ir los domingos a misa a Catedral, acompañado de su esposa, cumpliendo con los ritos y deberes de la religión.

 

Después de la gubernatura y de los tropiezos políticos que sufrió, luego de ser diputado federal por Mazatlán, fue nombrado director de Fomento Cooperativo, dependencia de la Secretaría de Economía del gobierno federal.

 

En 1941 el presidente Manuel Ávila Camacho lo designa agregado militar en la embajada de Japón, en donde ya había estado antes atendiendo una misión diplomática. Como consecuencia del ataque japonés a Peral Harbor, permaneció temporalmente recluido en una prisión de Tokio.

 

Obtuvo los cargos de segundo comandante de la Legión de Honor de los Veteranos de la Revolución Mexicana y de presidente de la Conferencia de Instituciones Liberales de México y de la Junta Continental Pro Federación Americana. El 7 de octubre de 1966, ya muy anciano, Iturbe recibió del Senado de la República la medalla “Belisario Domínguez”, en sesión solemne. Al ser objeto de dicha distinción expresó: “No creo haber hecho nada que lo merezca, pero sí puedo asegurar que mi anhelo más grande y sincero ha sido poder servir a mi patria y a la humanidad”.

 

Finalmente, el héroe de cien combates en la Revolución, fallece en la ciudad de México, el 27 de octubre de 1970 a los 81 años de edad.

 

Para conmemorar esa fecha luctuosa y en mérito a los grandes servicios prestados, el 27 de octubre de 1995, sesión solemne, el H. Congreso del Estado inscribió con letras de oro en el paraninfo del salón de sesiones, el nombre del general Ramón Fuentes Iturbe.

 

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