Doctor Rigoberto Aguilar Pico

Doctor Rigoberto Aguilar Pico

(1953-1956)

 

El doctor Rigoberto Aguilar Pico fue un pediatra de fama mundial, director del Hospital Infantil de la Ciudad de México y fundador del Instituto Nacional de Pediatría.

 

Nunca había incursionado en política, pero se decía que siempre había pagado sus cuotas al PRI, y también se murmuraba que era amigo personal del licenciado Ángel Carvajal, secretario de Gobernación, y médico personal de sus adorados hijos Gustavo y Horacio.

 

Aguilar Pico fue un gobernador constructor, honrado, enemigo de la violencia y promotor de la cultura.

 

Doña Cleotilde Bernal de Aguilar, su amantísima y abnegada esposa, fue la primera compañera de un gobernador sinaloense que dejó los trastos de la cocina y el costurero para emprender campañas de auténtica asistencia social en auxilio de la niñez desvalida y los ancianos olvidados.

 

“Cotita” fue una esforzada y decidida colaboradora de su marido. En Sinaloa la recuerdan con cariño y agradecimiento en todos los estratos sociales.

 

Este matrimonio ejemplar vivió en la pobreza, sin amargura ni rencores, únicamente con la satisfacción de haber cumplido con el deber ante los reclamos de la sociedad.

 

Rigoberto nació accidentalmente en Mazatlán, el 1º de junio de 1905. Puede y debe considerársele oriundo de La Cruz de Elota. De ahí fue su ascendencia y su niñez la pasó en esa población.

 

El doctor Aguilar Pico era corpulento, de elevada estatura, blanco lechoso, de mirada cordial, amable, de modales finos, corteses y de voz un poco delgada; por eso muchos críticos regionales y observadores superficiales interesados, decían que no era “muy hombre”, pero su corazón palpitó con fuerza más de una vez con varias bellezas sinaloenses.

 

No era afecto a la bebida en demasía, ni a las tertulias con tambora sin que su actitud se interpretara como un reproche. Eran los tiempos del “trabajo fecundo y creador”, que imponía a la nación desde Los Pinos el presidente Adolfo Ruiz Cortines.

 

Sin embargo, era muy sociable y seguido convivían él y Cotita en fiesta y saraos alternando con la gente “bien” de la entidad.

 

Los principales colaboradores del gobernador Aguilar Pico fueron: el licenciado Manuel “El Coyote” Díaz Angulo, en la Secretaría General de Gobierno; Amado Ibarra, en la Tesorería; el profesor Enrique Romero Jiménez y José María Figueroa Díaz, titular y segundo de abordo en la Secretaría Particular; el licenciado Francisco Fías Loaiza, en la Oficialía Mayor, y el periodista Manuel Lazos Ruiz, en la Oficina de Prensa.

 

La XLI Legislatura de Sinaloa, cuyo período abarcó del 15 de septiembre de 1953 al 14 de septiembre de 1956; la integraron: Arturo de Saracho, coronel Francisco A. Rivera, Narciso Urquidi Torres, licenciado Maximiano Gámez Montoya, Fidencio Orozco, licenciado Manuel Díaz Angulo, Cliserio Higuera, licenciado Lucano E. Orrantia, Alfredo Rivera, Gustavo D. Cañedo López, Federico Osuna, doctor Héctor González Guevara, licenciado Clemente Vizcarra y el profesor QF. José Guerrero González.

 

Al doctor Rigoberto Aguilar Pico le tocó suerte ser el artífice magnánimo de la Rotonda de los Sinaloenses Ilustres, donde reposan a gusto, olvidaos de todo, hasta de la crisis imperante, los hombres que le han dado prestigio y nombre a Sinaloa.

 

La obra costó la pequeña suma de 125 mil pesos, insignificante, una verdadera ganga, para los extraordinarios y excelentísimos servicios que prestan a estos eximios ciudadanos que viven en departamentos rodeados del confort que la vida moderna reclama.

 

Habitan este multifamiliar hasta la fecha, a reserva de que lleguen más ínclitos moradores, los siguientes revolucionarios: el maestro Gabriel Leyva Solano, el licenciado Eustaquio Buelna y los generales Ángel Flores, Rafael Buelna, Juan Carrasco, Domingo Rubí y Macario Gaxiola, que en sus ratos de ocio se entretienen platicando sobre el número de muescas que registraron en sus viejas pistolas y en sus carabinas 30-30.

 

Como todas las cosas de esta existencia terrenal el citado monumento tiene su gran historia, creemos a pie juntillas,  no contada todavía por los husmeadores de nuestro glorioso pasado.

 

Amantísimo hijo, el piaxtleño Gabriel Leyva Velázquez siempre pugnó porque se le diese l lugar que merecía la figura y nombre de su padre don Gabriel Leyva Solano, el mismo al que le dieron matarile los esbirros porfiristas en Cabrera de Inzunza.

 

Mi general quería que los restos de su insigne progenitor descansasen en la Rotonda de los Mexicanos Ilustres, en la Ciudad de México, al lado de los próceres de la Patria, y de ello le habló apasionadamente al presidente Ruiz Cortines.

Desde ese momento ya no dejó de asediar con esa petición a don Adolfo, quien ya no aguantaba lo duro sino lo tupido y para poder quitárselo de encima pensó en una salida airosa que no lastimase la susceptibilidad del militar sanignacense.

 

Un buen día le habló por teléfono al doctor Aguilar Pico, sugiriéndole –era incapaz de darle una orden-, la construcción de una necrópolis que albergara a los sinaloenses distinguidos y de paso le resolviese el problema inquilinario del precursor de nuestra pasada lucha armada.

 

Así fue como el primer huésped de nuestra Rotonda lo es don Gabriel Leyva Solano, quien descansa en paz para siempre, igual como lo hizo Ruiz Cortines cuando el hijo de Protomártir dejó de seguirle dando lata.

 

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